Desde el biombo de cambiar de nombre a las pruebas de Bachillerato, luego, eso de alargar antojadizamente el periodo lectivo, lacerando, con ello, la salud mental del estudiantado, hasta la famosa «Antorcha voladora»; el Ministerio de Educación Pública del actual Des-Gobierno debe pasar a la historia como el más inoperante, sordo, incoherente, inconexo y desarticulado de todos los tiempos en nuestro país. Y es que, dicho ministerio ha ido construyendo su mala fama a pasos de torpe gigante y no aguarda, tan siquiera, que los docentes nos repongamos de una vergüenza cuando ya nos traen otra peor para, así, menoscabar la poca dignidad que le queda a nuestra labor. Me gustaría comenzar con el análisis “cuantioso” que significaría ese cambio de Bachillerato a FARO, vendido a nosotros como la panacea para un sistema que, supuestamente, estaba enfermo y mal enfocado. ¿Acaso no terminó siendo evidente que cambiarle el nombre al burro no hizo que este dejase de serlo? Ciertamente...
"La rebelión de las letras"