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Este es, quizá, el Ministerio de Educación más desastroso en la historia de Costa Rica

Desde el biombo de cambiar de nombre a las pruebas de Bachillerato, luego, eso de alargar antojadizamente el periodo lectivo, lacerando, con ello, la salud mental del estudiantado, hasta la famosa «Antorcha voladora»; el Ministerio de Educación Pública del actual Des-Gobierno debe pasar a la historia como el más inoperante, sordo, incoherente, inconexo y desarticulado de todos los tiempos en nuestro país. 

Y es que, dicho ministerio ha ido construyendo su mala fama a pasos de torpe gigante y no aguarda, tan siquiera, que los docentes nos repongamos de una vergüenza cuando ya nos traen otra peor para, así, menoscabar la poca dignidad que le queda a nuestra labor. 

Me gustaría comenzar con el análisis “cuantioso” que significaría ese cambio de Bachillerato a FARO, vendido a nosotros como la panacea para un sistema que, supuestamente, estaba enfermo y mal enfocado. ¿Acaso no terminó siendo evidente que cambiarle el nombre al burro no hizo que este dejase de serlo? Ciertamente, los docentes no dejamos de considerar que era exactamente lo mismo, pero con la agobiante situación de que, ahora, el estrés en la comunidad educativa de secundaria, por ejemplo, comenzaría desde un año anterior. Los estudiantes entraban a décimo con miedo, con un temor que ni las propias orientadoras, con toda su entrega y profesionalismo, lograban manejar de la mejor manera.

Por otro lado, el mal manejo por parte del Ministerio de Educación en plena pandemia vino a ser el acabose de nuestra confianza ¡Temíamos a nuestro empleador! Mientras los hospitales se abarrotaban con pacientes Covid, el MEP insistía en la presencialidad y en ir agregando cada vez más estudiantes a las aulas. Literalmente, vimos a nuestros compañeros de toda la vida morir a causa de esa irresponsabilidad y por la desalmada necesidad que poseen algunas jefaturas de considerar y decir a los cuatro vientos «Los docentes son vagabundos»; esos hablan así porque odian las huelgas, y con ellas nuestros derechos, pero las aborrecen porque son serviles a sus adiestradores. Pero sepan, ustedes, que para nadie es un secreto que muchos de esos mandos superiores y medios están ahí por amiguismos políticos; es decir, a causa de pegar banderitas de tres en tres y no por la desatendida meritocracia. 

Sí, me atrevo a pensar que el manejo del Ministerio de Educación Pública y sus jerarquías, se han convertido en algo muy similar a lo que sucede con los los asesores de los diputados: nadie sabe en qué áreas son expertos o, peor aún, nadie sabe si aunque sea han egresado de algún sistema educativo. 

Pero sigamos que aún me queda mucho pastel… 

¿Hasta dónde puede desatender, el Ministerio, una Ley que le da cobijo, protección y resguardo a la población que atiende? Si es que la Ley 8968 o, llamada también, «Ley de Protección de la Persona frente al tratamiento de sus datos personales» enuncia en su artículo 5: “Cuando se soliciten datos de carácter personal será necesario informar de previo a las personas titulares o a sus representantes, de modo expreso, preciso e inequívoco”, a su vez, el artículo 31 menciona: “Serán consideradas faltas gravísimas, para los efectos de esta ley: a) Recolectar, almacenar, transmitir o de cualquier otra forma emplear, por parte de personas físicas o jurídicas privadas, datos sensibles, según la definición prevista en el artículo 3 de esta ley”. ¿Y qué fue aquel zafarrancho en las recientes pruebas FARO? ¿A cuál padre de familia se le pidió autorización? No puedo ni digerir todo esto a causa del estrés que pudieron causar en la población estudiantil, pero, ante todo, en los más niños.


Y que ahora no se hagan los tontos porque en la lista de asistencia a la sesión ordinaria celebrada el 6 de mayo del 2021, según consta, «Acta ordinaria N. °25-2021», aparece una buena cantidad de funcionarios que también debieran responder ante semejantes atrocidades. Luego, por ahí cuentan que en los pasillos del MEP, doña Melania, les tiraba a los docentes en toda cuanta reunión podía. ¡Santo Dios! ¿Y los docentes a quién le tiramos nuestra frustración ante el desorden, doña?, sí, ante esos cambios repentinos de fechas, o ante una plataforma como el SIRIMEP que habilitan dos veces al año impidiéndonos conocer el avance de nuestros estudiantes o ir digitalizándolo junto con la presentación de sus GTA, porque, por si no lo saben, esa es la única herramienta oficial que vino a sustituir al HEDIMEP o al difunto PIAD. Señores, ¿quién se adueñó de nuestro «¿Quéjese», sino fue la Asamblea Legislativa? 

Pero bueno, es que, incluso, Giselle Cruz conocía desde 2019 que se aplicarían cuestionarios a los estudiantes para obtener información sobre su contexto familiar, social y económico en las pruebas FARO. ¿Acaso el MEP no cuenta con asesores legales para evitar esos despilfarros de dinero o será que se lo gastan todo en pagar alquileres de edificios a familias ya adineradas, y no en asuntos de mayor relevancia como este, o en la construcción de edificios propios? 


¿Será que los docentes no nos hacemos entender o es que ya no desean escucharnos? Lo cierto es que ya estamos hartos, ¡cansados! Y si bien ya no hay huelga que nos ampare a causa de un gobierno sometido a intereses empresariales, tampoco existe la disponibilidad de oír a los educadores de otras maneras. Tristemente, lo único que ha aprendido la actual administración es a tratar a profesionales preparados como si fuesen obreros de maquilas e incapaces de analizar los traspiés provocados por sus pésimas decisiones. 

Nosotros, aquí y ahora, exigimos la mínima decencia en cuanto a la asignación de personas que se conozcan bien nuestro ministerio, sí, elementos preparados y con manejo absoluto en cuestiones administrativas, pero, también, en nuestro ir y venir diario ¡Que hayan sido docentes! ¿Cómo es posible que un cargo tan importante para el país sea ocupado por seres sin conocimiento en esta preciosa área y, peor aún, a modo de rebote?


Sobre el autor:
Óscar Leonardo Cruz Alvarado
Es docente y organizador del Certamen Literario Luis Ferrero Acosta y de la Birlocha Literaria, ambos de Orotina.  Ha escrito tres libros de cuentos: Cuentos de mamá muerte (2012), La corrosión de los Entes (2016) y El eco de los durmientes (2018). También, ha participado en las antologías “Vía 28” y “Nueva poesía costarricense”.  Sus obras han estado a la venta en estanterías estadounidenses, nicaragüenses, uruguayas y en las librerías más relevantes de Costa Rica y, además, fue el Coordinador designado por Costa Rica para la Antología Centroamericana dedicada al Bicentenario de la Independencia.

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