Desde el biombo de cambiar de nombre a las pruebas de Bachillerato, luego, eso
de alargar antojadizamente el periodo lectivo, lacerando, con ello, la salud
mental del estudiantado, hasta la famosa «Antorcha voladora»; el Ministerio de
Educación Pública del actual Des-Gobierno debe pasar a la historia como el más
inoperante, sordo, incoherente, inconexo y desarticulado de todos los tiempos en
nuestro país.
Y es que, dicho ministerio ha ido construyendo su mala fama a
pasos de torpe gigante y no aguarda, tan siquiera, que los docentes nos
repongamos de una vergüenza cuando ya nos traen otra peor para, así, menoscabar
la poca dignidad que le queda a nuestra labor.
Me gustaría comenzar con el
análisis “cuantioso” que significaría ese cambio de Bachillerato a FARO, vendido
a nosotros como la panacea para un sistema que, supuestamente, estaba enfermo y
mal enfocado. ¿Acaso no terminó siendo evidente que cambiarle el nombre al burro
no hizo que este dejase de serlo? Ciertamente, los docentes no dejamos de
considerar que era exactamente lo mismo, pero con la agobiante situación de que,
ahora, el estrés en la comunidad educativa de secundaria, por ejemplo,
comenzaría desde un año anterior. Los estudiantes entraban a décimo con miedo,
con un temor que ni las propias orientadoras, con toda su entrega y
profesionalismo, lograban manejar de la mejor manera.
Por otro lado, el mal
manejo por parte del Ministerio de Educación en plena pandemia vino a ser el
acabose de nuestra confianza ¡Temíamos a nuestro empleador! Mientras los
hospitales se abarrotaban con pacientes Covid, el MEP insistía en la
presencialidad y en ir agregando cada vez más estudiantes a las aulas.
Literalmente, vimos a nuestros compañeros de toda la vida morir a causa de esa
irresponsabilidad y por la desalmada necesidad que poseen algunas jefaturas de
considerar y decir a los cuatro vientos «Los docentes son vagabundos»; esos
hablan así porque odian las huelgas, y con ellas nuestros derechos, pero las
aborrecen porque son serviles a sus adiestradores. Pero sepan, ustedes, que para
nadie es un secreto que muchos de esos mandos superiores y medios están ahí por
amiguismos políticos; es decir, a causa de pegar banderitas de tres en tres y no
por la desatendida meritocracia.
Sí, me atrevo a pensar que el manejo del
Ministerio de Educación Pública y sus jerarquías, se han convertido en algo muy
similar a lo que sucede con los los asesores de los diputados: nadie sabe en qué
áreas son expertos o, peor aún, nadie sabe si aunque sea han egresado de algún
sistema educativo.
Pero sigamos que aún me queda mucho pastel…
¿Hasta dónde
puede desatender, el Ministerio, una Ley que le da cobijo, protección y
resguardo a la población que atiende? Si es que la Ley 8968 o, llamada también,
«Ley de Protección de la Persona frente al tratamiento de sus datos personales»
enuncia en su artículo 5: “Cuando se soliciten datos de carácter personal será
necesario informar de previo a las personas titulares o a sus representantes, de
modo expreso, preciso e inequívoco”, a su vez, el artículo 31 menciona: “Serán
consideradas faltas gravísimas, para los efectos de esta ley: a) Recolectar,
almacenar, transmitir o de cualquier otra forma emplear, por parte de personas
físicas o jurídicas privadas, datos sensibles, según la definición prevista en
el artículo 3 de esta ley”. ¿Y qué fue aquel zafarrancho en las recientes
pruebas FARO? ¿A cuál padre de familia se le pidió autorización? No puedo ni
digerir todo esto a causa del estrés que pudieron causar en la población
estudiantil, pero, ante todo, en los más niños.
Y que ahora no se hagan los
tontos porque en la lista de asistencia a la sesión ordinaria celebrada el 6 de
mayo del 2021, según consta, «Acta ordinaria N. °25-2021», aparece una buena
cantidad de funcionarios que también debieran responder ante semejantes
atrocidades. Luego, por ahí cuentan que en los pasillos del MEP, doña Melania,
les tiraba a los docentes en toda cuanta reunión podía. ¡Santo Dios! ¿Y los
docentes a quién le tiramos nuestra frustración ante el desorden, doña?, sí,
ante esos cambios repentinos de fechas, o ante una plataforma como el SIRIMEP
que habilitan dos veces al año impidiéndonos conocer el avance de nuestros
estudiantes o ir digitalizándolo junto con la presentación de sus GTA, porque,
por si no lo saben, esa es la única herramienta oficial que vino a sustituir al
HEDIMEP o al difunto PIAD. Señores, ¿quién se adueñó de nuestro «¿Quéjese», sino
fue la Asamblea Legislativa?
Pero bueno, es que, incluso, Giselle Cruz conocía
desde 2019 que se aplicarían cuestionarios a los estudiantes para obtener
información sobre su contexto familiar, social y económico en las pruebas FARO.
¿Acaso el MEP no cuenta con asesores legales para evitar esos despilfarros de
dinero o será que se lo gastan todo en pagar alquileres de edificios a familias
ya adineradas, y no en asuntos de mayor relevancia como este, o en la
construcción de edificios propios?
¿Será que los docentes no nos hacemos
entender o es que ya no desean escucharnos? Lo cierto es que ya estamos hartos,
¡cansados! Y si bien ya no hay huelga que nos ampare a causa de un gobierno
sometido a intereses empresariales, tampoco existe la disponibilidad de oír a
los educadores de otras maneras. Tristemente, lo único que ha aprendido la
actual administración es a tratar a profesionales preparados como si fuesen
obreros de maquilas e incapaces de analizar los traspiés provocados por sus
pésimas decisiones.
Nosotros, aquí y ahora, exigimos la mínima decencia en
cuanto a la asignación de personas que se conozcan bien nuestro ministerio, sí,
elementos preparados y con manejo absoluto en cuestiones administrativas, pero,
también, en nuestro ir y venir diario ¡Que hayan sido docentes! ¿Cómo es posible
que un cargo tan importante para el país sea ocupado por seres sin conocimiento
en esta preciosa área y, peor aún, a modo de rebote?
Sobre el
autor:
Óscar
Leonardo Cruz Alvarado
Es
docente y organizador del Certamen Literario Luis Ferrero Acosta y de la
Birlocha Literaria, ambos de Orotina. Ha
escrito tres libros de cuentos: Cuentos de mamá muerte (2012), La corrosión
de los Entes (2016) y El eco de los durmientes (2018). También, ha
participado en las antologías “Vía 28” y “Nueva poesía costarricense”. Sus obras han estado a la venta en
estanterías estadounidenses, nicaragüenses, uruguayas y en las librerías más
relevantes de Costa Rica y, además, fue el Coordinador designado por Costa Rica
para la Antología Centroamericana dedicada al Bicentenario de la Independencia.

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