¡Atrapado!
Algo le aprisiona el pensamiento,
las paredes entre osamenta son su escondite
mientras su cuerpo erguido lo delata;
Sí, ahí estás con una sonrisa de “Gioconda”;
Ahí estás, sé que no lograste camuflarte
y andas herido buscando una mejor suerte,
Donde el ocaso se oculta…donde no serás nadie.
No alcanzaste la luz rojiza dorada, sino un sol;
(el astro grande que calienta la Tierra),
Sol de mediodía que te señala hasta la sombra.
Buscas la salida…no hay puerta, no esperanza…
Cerraron la ventana y todo es blanco;
blanco tiznado del negro por las noches.
arrinconado por las mismas paredes del cuarto,
derramando sal del ojo, ahogándose en el suelo.
Lo mirarás deslizándose entre el llanto;
manchando su ropaje, buscando minimizarse
y pidiendo a Dios su arrebato, un infarto.
Manchándose de sangre intrínseca.
Prisionero de su propia esclavitud,
arrastrándose por los callejones de su existencia;
Dejado al viento cual papalote en ventolero;
a su suerte, en abandono y ante un frío de muerte.
Busca en sus manos la fuerza pero decae al suelo;
y las pujanzas de las venas saltonas luchan
queriendo ascender tanto para ver desde el cielo;
sí, conocer la gloria o aunque sea verla pasar.
Porque atrapado, encarcelado entre las rejas del desprecio
resbaló, y sus arañazos de lucha hoy pintan las paredes.
Así, incomprendido e injustificado muere,
señalado y ejecutado por sus propias aspiraciones.
No hay lumbre en esta oscuridad, no hay luz; sólo gritar…
¡Atrapado!, ¡prisionero!, de este mi pensamiento;
mi pensamiento que escribe al reflejo de un viejo espejo.
sss Calú sss

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