Ir al contenido principal

 

A.

El origen— 

                                                                            (👉clic acá para el audio del texto)


    Delfina Umaña, Leonor Agüero y Wilberth Arce, ¿dónde estarán?… Veamos… Delfina Umaña, Leonor Agüero y Wilberth Arce. Vine acá porque supuse que justo en este lugar estarían los restos de un hombre que, según me enteré hace poco y por boca de la misma Mamiñita, fue una mierda en vida; pero que, al no haberme permitido dormir durante varias noches a lo largo de mi infancia, trascendió la barrera de lo miserable que se pueda llegar a ser: aún muerto decidió mantener su hechura de mierda. Y ahora parece que ni siquiera está sepultado en este sitio.

    —Señor, no hable así de los muertos. Es muy fácil hablar mal de quienes no se pueden defender. La ausencia de otros le da un tono especial a nuestros comentarios, como que nos envalentona. 

    —Tiene usted toda la razón, pero no crea que llamo a alguien de esa manera por cuestiones antojadizas. La gente se acostumbra a eliminar los desperfectos de un muerto solo en primera instancia, es decir, los primeros días después de su muerte se asemeja más a un santo que a un ser humano que habitara entre nosotros. Pero, ¿quiere usted realmente saber cómo fue alguien en vida?, pues, solo debe esperar a que haya trascurrido cierto tiempo. Solo ahí comienzan a emerger las verdades sobre esa persona. Nunca pregunte por alguien cuando aún está abierta la herida de su muerte. Y con todo esto, ¿a quién busca usted en este lugar? Veo que lleva ratos leyendo nombres y viendo epitafios, saca un cuadernillo y apunta datos. Le soy sincero, nunca había visto semejante carnaval en un lugar como este.

    —Ando buscando la tumba de Primo Vargas, pero parece que aquí no hay nada.

    —Primo Vargas está entre los Desanti desde hace mucho tiempo. Su nicho estaba en tan mal estado que hasta daba tristeza corroborar el abandono.

    —Yo pensé que me sería fácil encontrarlo, él donó casi media Orotina y mucho de lo que este cantón es, se lo deben a él. Imaginé que su tumba sería la más grande y fácil de identificar, pero qué tremenda desilusión me he llevado.

  —Bueno, ya se habrá dado cuenta de que cada pueblo es quien se encarga de darle importancia a sus héroes. Si la gente no lo hace por gusto propio y amor a sus raíces, nadie lo hará. Y solo por curiosidad, ¿por qué busca a Primo Vargas si hace tiempo que nadie lo busca?

  —La verdad es que estoy escribiendo un libro de historias sobre el cantón y quería encomendarme a él para entender este lugar desde sus cimientos. Le sonará raro, pero venía con la intención de conversar de frente con él.

   —No se preocupe, eso no me suena raro para nada. Es una lástima que estos también estén dormidos a como lo está él. Le aseguro que si usted pudiera preguntarles a ellos, le saldrían como mínimo tres libros de historias. Apuesto que no ha encontrado mucho sobre Orotina o, tal vez, solo lo básico. Las generaciones actuales, por lo menos que se interesan, es por su pasado.

   —Todos los días me doy cuenta de eso en mi trabajo, y es cierto lo que dice; pero, bueno, yo también quiero preguntarle algo si no le parece imprudente…

   —Para nada, pregunte.

   —¿Quiénes son Delfina, Leonor y Wilberth?

   —¿Delfina Umaña, Leonor Agüero y Wilberth Arce?

   —Creo que sí. La verdad que lo escuché a usted diciendo sus nombres en voz alta antes de interrumpirlo. No es que me importe mucho, pero en medio de mi búsqueda me di cuenta de que usted decía sus nombres tan insistentemente que me resulta hasta curioso. ¿Están aquí?

  —Aún no lo sé. Lo que pasa es que yo también estoy atando los cabos sueltos de mi pasado y busco la respuesta a una interrogante desde hace mucho tiempo. ¿Sabe, usted, lo que es una guaca?

   —¿Algún entierro indígena donde es posible encontrar objetos de valor?

  —¿Indígena? ¡Já! Todos acá tenemos sangre indígena, así las cosas, en cualquiera de estos entierros se podrían encontrar cosas de valor; tanto materiales como espirituales. Usted necesita historias y es una lástima que no pueda desenterrarlas. Yo quiero saber sobre unas cuñas de oro y esa es mi guaca. Cada quien busca y necesita la suya.

  —¿Cuñas de oro y guacas?

  —Lo noto incrédulo, ¿don…?

  Leonardo, dígame Leonardo, ese “don” no me gusta. Y con todo esto, perdóneme mi falta de respeto y que no se lo haya preguntado antes, ¿cuál es su nombre?

 —Yo me llamo Marlon, y hasta hace poco, pero muy poco, me di cuenta de que mi primer apellido era Buendía. Las abuelas, a veces, se guardan para sí los secretos más oscuros de una familia, pero tarde o temprano se les zafa. Así las cosas, mi nombre vendría a ser Marlon Buendía.

  —Bueno, don Marlon Buendía, comprendo su punto sobre las guacas, pero, ¿de qué me sirve una guaca con gente muerta que no me venga a contar las historias que yo busco? Ese sería mi “tesoro” y la tiesura lógica de sus bocas me asegura que no tendré acceso a él.

    —¿Tiene tiempo, Leonardo?

   —Solo mientras no haya venido mi amigo Daniel Vega. Lo estoy esperando porque dijo que me ayudaría a buscar la tumba de Primo Vargas.

   —Es tiempo suficiente. Los Desanti andan por acá cerca y no les tomará mucho tiempo encontrarlos. Siéntese sobre este sepulcro, no creo que un muerto le vaya a morder el trasero. Pues déjeme contarle…


Recuerdo que siendo niño le conté a tía Eduviges sobre aquel hombre de pelo canoso y sombrero ala corta que venía montado a caballo desde el serpenteante camino de los sueños dejando atrás una polvareda; el mismo que me daba direcciones, ofrecía nombres y señales; y al finalizar me decía que apuntara todo lo anterior, luego agregaba: “No olvidés rezar por Rosendo, Marlon” (…).



 Regresar al menú principal 👀.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

LA  GUACA  *                                                    (👉clic acá para el audio del texto)    Calú Cruz    autoplay loop> Instrucciones: A.  Si usted es un lector atento, puede leer sin ningún orden específico, es decir, de una sola sentada. B.  Ahora bien, si llegara a perderse, puede retomar el texto, pero ahora siguiendo el orden alfab ético. Sin embargo , le recuerdo que eso no hace falta… a veces solo es necesario dejarse llevar y permitir que el día se descubra a sí mismo, conforme pasan las horas.    “Después de unos cuantos pasos cayó, suplicando por dentro; pero sin decir una sola palabra. Dio un golpe seco contra la tierra y se fue desmoronando como si fuera un montón de piedras”. Pedro Páramo ,  Juan Rulfo Página siguiente (orden normal) A , B , C , D , E , F , G , H , I , J , K...
                                                                                  B. — Una infancia extraña y la muerte de tía Eduviges —                                     (👉clic acá para el audio del texto)   Recuerdo que siendo niño le conté a tía Eduviges sobre aquel hombre de pelo canoso y sombrero de ala corta que venía montado a caballo desde el serpenteante camino de los sueños dejando atrás una polvareda; el mismo que me daba direcciones, ofrecía nombres y señales; y al finalizar me decía que apuntara todo lo anterior y luego agregaba: “No olvides rezar por Rosendo, Marlon”. Pero al pronunciar estas palabras chasqueaba sus dedos frente a mis ojos y se desvanecía entre su propia...