Siento pesar por las tretas de
mis manos; nunca podría rebatir las proyecciones de mis ojos, trato de dilucidar la oscuridad
con cada parpadeo, y al cambiar la frecuencia, la destrucción es un verdadero
caos, por no decir Apocalipsis y yo que me negaba a creer semejante cosa…
Arrebaté aliento de las manos
indebidas, le adelanté a “Dios” sus malas intenciones, pero… ¿cómo no ser yo si
fue mi idea? ¡Querían crédito?; pues ¡No!
— Cálmese, Klacman. Lo veo preocupado y no es bueno.
— ¡Calmarme!, parpadee… ¿sabe a quién buscan!, están cerca de mi rastro. No subestime al
sistema.
Solo Ham, otro científico como
yo, podría comprenderme. Por eso lo
inmortalicé en un espectro desde su muerte, él sabe que la curiosidad es
inherente al ser humano.
Desde pequeño mi fijación fue
crear de la nada; así ha sido siempre. Nunca imaginé que mi curiosidad fuera un
sacrilegio para algunos… ¿Cómo no hacer lo que debía!, ¡cómo! ¿Una muestra de
ADN ebulliciona por sí sola?, ¿qué alguien me explique cómo puede una muestra
comportarse así!
— Papá, ¿quién es Christopher?
— Es un error.
— ¿Un error?, ¿y por qué dicen que es un clon?, ¿qué es un clon?
— Vamos señor Klacman, cuéntele la
verdad a su hijo, él tiene derecho a saber todo sobre la reproducción asexual, dígale que se extraen células
de un ser vivo desarrollado, que un ser humano está compuesto por
millones de células que semejan los
ladrillos de un edificio enorme. ¡Dígaselo!...
Ese fue el
problema con Christopher… Me atreví a contar mi secreto al director de la
organización, el señor Stephen Hallking; por eso no quiero que Abel lo sepa, no quiero verlo involucrado. Solo tiene
10 años y ya está escondido a mi lado, dentro
del refugio de aleación metaloide como si fuese un bandido. Pero si lo analizo
bien, ya no tiene caso callar…
—
Resulta, hijo; que todos
los seres humanos tenemos células, estas tienen aspectos y funciones diferentes. Pero
tienen algo en común: en sus núcleos contienen la información de cómo es y cómo
se organiza el organismo; llamada ADN.
Claro está que todas las células de un individuo derivan de una célula
inicial o zigoto, porque alguna tuvo que ser el origen de las demás.
—
¿Esta
sería como la madre?
—
Sí,
hijo. Primero, tenemos una sola célula, esta se divide en dos, y luego en 4, 8,
16... En cada división existe una copia del ADN presente desde el zigoto. En el organismo adulto, esa información
pierde “utilidad” debido a la función variada que pueden desempeñar las
distintas células. Aunque cada célula tiene información, no la utiliza, sólo la
parte que le corresponde a su función. Por eso cualquier célula del organismo
puede servir para obtener un nuevo ser con las mismas características; aquella información se fusionará con el citoplasma de
un óvulo al que previamente se le habrá eliminado el núcleo y bajo un entorno
adecuado tras unos días de crecimiento in vitro el embrión se implantará
en el útero de una madre… y listo, tenemos a otro ser humano.
—
Vaya,
“se oye muy sencillo”, papá.
—
Sí,
no lo es…
Yo no pude criar a Christopher como hubiera deseado; una tarde ya no regresó conmigo a casa,
Marie nunca supo el porqué. Claro está que había un lazo fuerte entre los tres;
pero más con ella.
El doctor
Hallking seguía muy de cerca su crecimiento y le inquietaba su aprendizaje
más de lo que uno podría imaginar. Me propuso llevarlo a un módulo nuevo para
que el niño aprendiera historia, geografía, literatura universal, filosofía y
biología; ese era el programa educativo que me presentó. El chico tendría que
vivir bajo su tutela y Marie sentiría que le arrancaban las entrañas…
A mí me mantuvieron muy ocupado; fui el coordinador
del proyecto “Vida conjunta” y diseñador de la excavadora terrestre; destinada
a explotar los mantos acuíferos.
Traté de
obviar mi preocupación con mis quehaceres recordando que, en realidad, el chicho no era mío; sin embargo mi malicia me condujo
a escuchar una de las sesiones y percibí la gravedad del asunto espiando. Eran
las tres de la tarde…
—Buenas tardes, Christopher.
— Buenas tardes, señor
Leclerth
— ¿Realizó su asignación?
— Sí. El gato destrozó una
de las patitas del pollo.
— ¿Y qué sintió?
— Un dolor insuperable… era
otro ser vivo.
— No debió sentir eso, el
gato se alimenta de él. ¿Qué hizo después?
— Recogí al pollo antes
que lo devor
— Tampoco debió hacerlo.
Ahora imagine el dolor de panza de aquel gato al que usted le arrebató su
comida. Pregúntese ¿qué sería mejor para el pollo?, ¿es preferible tenerlo
sufriendo toda su vida, cojeando, desestabilizándose o tener; por lo menos, a
un gato sin dolor de panza?
— Imagino que debí dejar
que el gato lo comiera, así ambos estarían felices.
— ¿No es, acaso, el reino
de los cielos para los pobres?
— No entiendo bien. Pero
sí, sí lo es.
— Le explico la relación:
“En el mundo hay miles de personas que mueren de hambre, engendrarán a cientos
de seres humanos que infestarán la tierra y lo harán en peores condiciones que
los originales, ellos representan al pollo. Son muchos y desestabilizan la
economía de los que sobrevivimos; nosotros representamos al gato”. ¿No le
parece que existe una sobrepoblación de seres humanos destinados al fracaso y a
la muerte?
— Pues, sí… parece que sí.
— ¡No titubee!, recuerde
lo que hablamos la lección anterior; “Sean sus pensamientos sus convicciones”
¿lo recuerda?
— Sí, lo recuerdo señor.
— ¿Qué haría usted para que
esas personas alcancen el reino de los cielos;
es decir, su paz y tranquilidad?
— Pues…
— ¡Dígalo!, ¡dígalo Christopher!, ¡Caray!, ¡sea
sincero con usted mismo?, ¿Qué haría!
— Pues los mataría a como lo hizo
el gato con el pollo… de esta manera, tal vez,
les ahorraría sufrimiento.
— ¡Nada de “tal vez”!, ¿me entiende!
— Sí, señor… nada de tal
vez.
— Muy bien. Ahora puede irse a
comer. Hoy le toca más temprano por haber respondido acertadamente. Lo de ayer
seguro fue un desliz suyo que esperemos no se repita, ¿verdad?
— No, no se repetirá.
Después de oír
eso quise aniquilar al tal Leclerth, solo algo me mantuvo en silencio: El
muchacho estaba siendo educado por el sistema para el que yo trabajaba. Sabía
los riesgos de oponerse. En realidad mi error fue contarle a Marie, ella
desesperó, no quiso permitirlo… había un
lazo entre ambos que le costaría muy caro…
— Señor, vea lo que está haciendo Christopher en Haití,
¡rápido!, sintonice la frecuencia del 7; les está mandando un terremoto enorme.
Mire como mueren, ¡los ha tragado una
abertura en el suelo!
— A ver…
— Papá,
cambie al canal 5, está cayendo fuego del cielo en Surinam…
―Hijo,
cierre la sintonía, por favor.
150 óvulos provenientes del mismo útero; 125
intentos de los que se consiguieron 31 embriones, muchos no llegaron a
desarrollarse y otros murieron al poco tiempo. Solo un embrión logró llegar
hasta el final… Christopher; mi
Christopher.
Por ahora
hay cientos de animales muertos y personas en estado de putrefacción. Olas de
38 metros golpean las costas de Centroamérica y una oscuridad completa tiene a los
países africanos en devastación.
Si Christopher
pudiera recordarse de mí o de su madre; pero no… ahí está, cegado, apareciendo
y desapareciendo, llevando desastre y destrucción. Un día pinta el sol de rosas carmesí, al otro escupe azufre sobre las
personas. La raza humana le parece un reguero de hormigas que deben morir.
Una
nación sonríe, las demás… se le doblegan. Lo que creí que sería no fue, así
nunca debía suceder...
Dentro
del refugio vislumbré un camino de plumas blancas endurecidas, granitos
cristalinos que abrían la pared como si fuese cartón, se iba rasgando mi
pensamiento y un ser no alado ni bendito fue apareciendo… era Christopher…
— Desde cientos de kilómetros, pude escucharlo. no vengo a redimirlo y menos para provocarle alegría… Vengo a matarlo.
— Pero hijo…
— ¡Cállese!, ¡ni se le ocurra decirme hijo!, mi madre murió por su culpa. Un
laboratorio no es hogar y el latex no
deja sentir las caricias paternas.
— Hijo… mi Christopher…
A pesar
de que Ham me imploraba que me detuviera, no pude, era él, sus manos chiquitas
y su vocecita mañanera…
— Abel; ¿papá le contó sobre mamá?, ¡le dijo a usted que también lo
hicieron en un laboratorio con sus óvulos?
— ¡Cállese…! ¡No más…! Su madre fue asesinada cuando intentó sacarlo a
usted del módulo y comunicarse con los medios… estaba desesperada.
— ¡Mamá ofreció su vida para engendrarme!
— ¡No lo soporto más…! Todos estos años en silencio… ¡Usted es ADN de
un milagro eucarístico!
— ¡Qué!; entonces… ¡quién soy?
Christopher se fue encorvando
en la entrada del refugio metaloide, escuchaba miles de voces vitoreándole como
mesías; otras, sin embargo le recriminaban más fuerte gritándole “¡anticristo!”,
“¡traidor!”. Salió del refugio gritando ¡ustedes son el anticristo!, ¡raza de
víboras!, ¡ustedes son…! y entre lamentos y lágrimas; con su manta blanca fue
cayendo hasta besar el suelo; su rostro se llenó de arrugas y la piel se le
deshidrató hasta adherírsele por completo a los huesos.
— ¿Será envejecimiento prematuro,
señor Klacman?
— No lo sé…Ham
— ¡Maldita sea esta tierra!,
¡Malditos todos sus habitantes!, ¡que perezca y se consuma en las llamas
voraces del infierno!, ¡que arda como la
higuera sin fruto!
Mientras se proferían esas últimas
palabras de Christopher el Sol
calcinante se descolgó de su hilo espacial violentando la capa de ozono en una
maniobra devastadora, iba ennegreciendo la tierra hasta evaporar los océanos y
hacer reventar en millones de pedazos,
todo. Christopher murió con más de treinta años dejando solo un grupo de
átomos en donde alguna vez estuvo el planeta.
Calú Cruz.
1: 37 p.m. (19/12/2012).
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