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Cellula mater: El origen divino del fin


A  los esfuerzos de los científicos: Ian Wilmut y Keith Campbell
     Siento pesar por las tretas de mis manos; nunca podría rebatir las proyecciones  de mis ojos, trato de dilucidar la oscuridad con cada parpadeo, y al cambiar la frecuencia, la destrucción es un verdadero caos, por no decir Apocalipsis y yo que me negaba a creer semejante cosa…
   Arrebaté aliento de las manos indebidas, le adelanté a “Dios” sus malas intenciones, pero… ¿cómo no ser yo si fue mi idea? ¡Querían crédito?; pues ¡No!
— Cálmese, Klacman. Lo veo preocupado y no es bueno.
— ¡Calmarme!, parpadee… ¿sabe a quién buscan!,  están cerca de mi rastro. No subestime al sistema.
     Solo Ham, otro científico como yo,   podría comprenderme. Por eso lo inmortalicé en un espectro desde su muerte, él sabe que la curiosidad es inherente al ser humano.
     Desde pequeño mi fijación fue crear de la nada; así ha sido siempre. Nunca imaginé que mi curiosidad fuera un sacrilegio para algunos… ¿Cómo no hacer lo que debía!, ¡cómo! ¿Una muestra de ADN ebulliciona por sí sola?, ¿qué alguien me explique cómo puede una muestra comportarse así!  
   Papá, ¿quién es Christopher?
   Es un error.
   ¿Un error?, ¿y por qué dicen que es un clon?, ¿qué es un clon?
   Vamos  señor Klacman, cuéntele la verdad a su hijo, él tiene derecho a saber todo sobre la reproducción asexual, dígale  que se extraen células de un ser vivo desarrollado, que un ser humano está compuesto por millones de células que semejan  los ladrillos de un edificio enorme. ¡Dígaselo!...
     Ese fue el problema con Christopher… Me atreví a contar mi secreto al director de la organización, el señor Stephen Hallking; por eso no quiero que Abel lo sepa, no quiero verlo involucrado. Solo tiene 10 años y ya está escondido a mi lado,  dentro del refugio de aleación metaloide como si fuese un bandido. Pero si lo analizo bien, ya no tiene caso callar…
   Resulta, hijo; que todos los seres humanos tenemos células, estas  tienen aspectos y funciones diferentes. Pero tienen algo en común: en sus núcleos contienen la información de cómo es y cómo se organiza el organismo; llamada ADN.  Claro está que todas las células de un individuo derivan de una célula inicial o zigoto, porque alguna tuvo que ser el origen de las demás.
   ¿Esta sería como la madre?
   Sí, hijo. Primero, tenemos una sola célula, esta se divide en dos, y luego en 4, 8, 16... En cada división existe una copia del ADN presente desde el zigoto.  En el organismo adulto, esa información pierde “utilidad” debido a la función variada que pueden desempeñar las distintas células. Aunque cada célula tiene información, no la utiliza, sólo la parte que le corresponde a su función. Por eso cualquier célula del organismo puede servir para obtener un nuevo ser con las mismas características; aquella información se fusionará con el citoplasma de un óvulo al que previamente se le habrá eliminado el núcleo y bajo un entorno adecuado tras unos días de crecimiento in vitro el embrión se implantará en el útero de una madre… y listo, tenemos a otro ser humano.
   Vaya, “se oye muy sencillo”, papá.
   Sí, no lo es…
     Yo no pude criar a Christopher como hubiera deseado; una tarde ya no regresó conmigo a casa, Marie nunca supo el porqué. Claro está que había un lazo fuerte entre los tres; pero más con ella.
     El doctor Hallking seguía muy de cerca su crecimiento y le inquietaba su aprendizaje más de lo que uno podría imaginar. Me propuso llevarlo a un módulo nuevo para que el niño aprendiera historia, geografía, literatura universal, filosofía y biología; ese era el programa educativo que me presentó. El chico tendría que vivir bajo su tutela y Marie sentiría que le arrancaban las entrañas…
     A mí me mantuvieron muy ocupado; fui el coordinador del proyecto “Vida conjunta” y diseñador de la excavadora terrestre; destinada a explotar los mantos acuíferos.
     Traté de obviar mi preocupación con mis quehaceres recordando que, en realidad, el chicho no era mío; sin embargo mi malicia me condujo a escuchar una de las sesiones y percibí la gravedad del asunto espiando. Eran las tres de la tarde…
—Buenas tardes, Christopher.
   Buenas tardes, señor Leclerth
   ¿Realizó su asignación?
   Sí. El gato destrozó una de las patitas del pollo.
   ¿Y qué sintió?
   Un dolor insuperable… era otro ser vivo.
   No debió sentir eso, el gato se alimenta de él. ¿Qué hizo después?
   Recogí al pollo antes que lo devor
   Tampoco debió hacerlo. Ahora imagine el dolor de panza de aquel gato al que usted le arrebató su comida. Pregúntese ¿qué sería mejor para el pollo?, ¿es preferible tenerlo sufriendo toda su vida, cojeando, desestabilizándose o tener; por lo menos, a un gato sin dolor de panza?
   Imagino que debí dejar que el gato lo comiera, así ambos estarían felices.
   ¿No es, acaso, el reino de los cielos para los pobres?
   No entiendo bien. Pero sí, sí lo es.
   Le explico la relación: “En el mundo hay miles de personas que mueren de hambre, engendrarán a cientos de seres humanos que infestarán la tierra y lo harán en peores condiciones que los originales, ellos representan al pollo. Son muchos y desestabilizan la economía de los que sobrevivimos; nosotros representamos al gato”. ¿No le parece que existe una sobrepoblación de seres humanos destinados al fracaso y a la muerte?
   Pues, sí… parece que sí.
   ¡No titubee!, recuerde lo que hablamos la lección anterior; “Sean sus pensamientos sus convicciones” ¿lo recuerda?
   Sí, lo  recuerdo señor.
   ¿Qué haría usted para que esas personas alcancen el reino de los cielos;  es decir, su paz y tranquilidad?
   Pues…
   ¡Dígalo!, ¡dígalo Christopher!, ¡Caray!, ¡sea sincero con usted mismo?, ¿Qué haría!
   Pues los mataría a como lo hizo el gato con el pollo… de esta manera, tal vez,  les ahorraría sufrimiento.
    ¡Nada de “tal vez”!, ¿me entiende!
   Sí, señor… nada de tal vez.
   Muy bien. Ahora puede irse a comer. Hoy le toca más temprano por haber respondido acertadamente. Lo de ayer seguro fue un desliz suyo que esperemos no se repita, ¿verdad?
   No, no se repetirá.

     Después de oír eso quise aniquilar al tal Leclerth, solo algo me mantuvo en silencio: El muchacho estaba siendo educado por el sistema para el que yo trabajaba. Sabía los riesgos de oponerse. En realidad mi error fue contarle a Marie, ella desesperó,  no quiso permitirlo… había un lazo entre ambos que le costaría muy caro…
   Señor, vea lo que está haciendo Christopher en Haití, ¡rápido!, sintonice la frecuencia del 7; les está mandando un terremoto enorme. Mire como mueren, ¡los ha tragado una  abertura en el suelo!
    A ver…  
   Papá, cambie al canal 5, está cayendo fuego del cielo en  Surinam
―Hijo, cierre la sintonía, por favor.
     150 óvulos  provenientes del mismo útero;   125  intentos de los que se consiguieron 31 embriones, muchos no llegaron a desarrollarse y otros murieron al poco tiempo. Solo un embrión logró llegar hasta el final… Christopher; mi Christopher.
    Por ahora hay cientos de animales muertos y personas en estado de putrefacción. Olas de 38 metros golpean las costas de Centroamérica y una oscuridad completa tiene a los países africanos en devastación.
     Si Christopher pudiera recordarse de mí o de su madre; pero no… ahí está, cegado, apareciendo y desapareciendo, llevando desastre y destrucción. Un día pinta el sol de rosas carmesí, al otro escupe azufre sobre las personas. La raza humana le parece un reguero de hormigas que deben morir.
     Una nación sonríe, las demás… se le doblegan. Lo que creí que sería no fue, así nunca debía suceder...
     Dentro del refugio vislumbré un camino de plumas blancas endurecidas, granitos cristalinos que abrían la pared como si fuese cartón, se iba rasgando mi pensamiento y un ser no alado ni bendito fue apareciendo… era Christopher…

   Desde cientos de kilómetros, pude escucharlo. no vengo a redimirlo y  menos para provocarle alegría… Vengo a matarlo.
   Pero hijo…
   ¡Cállese!, ¡ni se le ocurra decirme hijo!, mi madre murió por su culpa. Un laboratorio no es hogar y el  latex no deja sentir las caricias paternas.
   Hijo… mi Christopher…
     A pesar de que Ham me imploraba que me detuviera, no pude, era él, sus manos chiquitas y su vocecita mañanera…
   Abel; ¿papá le contó sobre mamá?, ¡le dijo a usted que también lo hicieron en un laboratorio con sus óvulos?
   ¡Cállese…! ¡No más…! Su madre fue asesinada cuando intentó sacarlo a usted del módulo y comunicarse con los medios… estaba desesperada.
   ¡Mamá ofreció su vida para engendrarme!
   ¡No lo soporto más…! Todos estos años en silencio… ¡Usted es ADN de un  milagro eucarístico!
   ¡Qué!; entonces…  ¡quién soy?
     Christopher se fue encorvando en la entrada del refugio metaloide, escuchaba miles de voces vitoreándole como mesías; otras, sin embargo le recriminaban más fuerte gritándole “¡anticristo!”, “¡traidor!”. Salió del refugio gritando ¡ustedes son el anticristo!, ¡raza de víboras!, ¡ustedes son…! y entre lamentos y lágrimas; con su manta blanca fue cayendo hasta besar el suelo; su rostro se llenó de arrugas y la piel se le deshidrató hasta adherírsele por completo a los huesos.
   ¿Será envejecimiento prematuro, señor  Klacman?
   No lo sé…Ham 
   ¡Maldita sea esta tierra!, ¡Malditos todos sus habitantes!, ¡que perezca y se consuma en las llamas voraces del infierno!, ¡que arda como  la higuera sin fruto!
     Mientras se proferían esas últimas palabras de Christopher el Sol calcinante se descolgó de su hilo espacial violentando la capa de ozono en una maniobra devastadora, iba ennegreciendo la tierra hasta evaporar los océanos y hacer reventar en millones de pedazos,  todo. Christopher murió con más de treinta años dejando solo un grupo de átomos en donde alguna vez estuvo el planeta. 
 
Calú Cruz.
1: 37 p.m. (19/12/2012).

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