Pseudo poema 2: Dios mío, ¿dónde estás!
A Jairo Mora Sandoval
Instrucciones: Acompañe este poema
con el sonido del mar, pues incluso
el texto simula el vaivén de sus aguas.
Hay una serpiente silenciosa
y de escama verde-blanca
que recorre la costa
de norte a sur
esquivando
la arena.
Hay un enorme sol azulgrana
que besa a la serpiente
que ya no es blanca.
Se acuesta con
el cangrejo
y lo viola.
Se esconde Poseidón en su cobija,
las parejas con aquella brisa
y el castillo de arena
encontró la condena
de una ola
revoltosa.
Así
es la costa
que hila bordado
y cobija al soldado Jairo Mora.
Llora la baula, ya sangra por el costado.
Llora la tierra, se desangra por el costado…
Su sien sufrió la abolladura de la bala mordedora
y ahí
besó la arena
como terminando su faena,
el héroe de lo verde, el vigía de la litera
donde la serpiente seguirá callada y serpenteando
el perro rabioso ladrando y la noche inmunda matando.
Hoy que en mis ojos hay candelas, Dios mío,
prenderás tus velas,
y hoy aquí
lloraremos como Vallejo,
por los soldados de lo verde que se van
y por los silencios pretenciosos que zapatean
vals
sobre olas tempestuosas de un mar desquiciado de
azulejos,
y jugaremos con el viejo dado hasta saber quién sigue en el juego
de las jaurías que merodean la playa en la noche y en
pleno azul del mar.
Si para defender la naturaleza no hay hombre que
valga mucho en ningún lugar,

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