GRITO SUPREMO
Quiero la libertad del cielo:
lleven mis manos el ulular
y sus grietas los versos.
Quiero saberme soberano
de los rayos del sol
y su tejido dorado,
que los niños, al pasar,
no me llamen
soldado.
Quiero la libertad de las aguas
que no conocen barrera,
que no piden permiso
y no tienen cautela.
Sean mis versos corona de olivo
para el hombre tenaz
y la mujer sincera.
La libertad no tiene piel,
la libertad no tiene fronteras.
Quiero que no me detenga
la rabia del otro
o su mirada fiera.
El paso en la tierra es fugaz
y la siembra, eterna.
Deseo que nadie
acalle este grito voraz
que sale del pulmón humano:
¡No hay hombre que valga en la tierra
si antes no tiene libertad!
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