"Recuerde que no basta con decir una cosa correcta en el lugar correcto, es mejor todavía pensar en no decir algo incorrecto en un momento tentador." (Benjamín Franklin).
En este mundo, irracional y apresurado; mecanizado casi involuntariamente; el ser humano cada vez se aísla más en su propio pensamiento. Es su individualismo que lo hace perder el contacto con su mundo exterior y, aunque la tal mencionada incomunicación se refleja de manera latente y perceptible desde las más simples hasta las complejas actividades humanas; es, tristemente, la necesidad o el instinto de supervivencia el que forja comunicación entre sus semejantes, como diría Heinz G. Konsalik “Siempre me ha parecido que a un ser humano sólo le puede salvar otro ser humano” y eso actualmente parece una utopía, sobre todo en una sociedad tan individualista. (1924-1999).
Si bien, la comunicación podría entenderse como un proceso que pretende transmitir información de una entidad a otra y que en ella los partícipes comparten un repertorio de signos con reglas semióticas comunes; es en la práctica donde brilla su aplicación; vale la pena destacar que, en diferentes contextos la comunicación adquiere un matiz diverso y que sus actores confluyen en situaciones que propician o abstienen su capacidad expresiva. Así se tienen a las personas comunicativas-participativas (emisoras) y a las pasivas (receptoras) en una eterna interacción.
En este caso, el abordaje de la comunicación se perfila hacia el ámbito de pareja, bien se podría decir, en una aplicación bilateral. Desde esta óptica se desea que la comunicación sea recíproca, pero sobre todo asertiva; es decir, sin caer en el abandono del punto de vista propio sobre un determinado acontecimiento, algún tipo de dependencia hacia el punto de vista ajeno (que impide confiar en el que se tiene) y mucho menos en la implementación forzosa de una manera de pensar, en otras palabras “Ni sumisión ni agresión, sólo asertividad. (Walter Riso).
En general, el no estar de acuerdo, con las posiciones de otra persona, es normal; lo que podría considerarse incorrecto es no apreciar el razonamiento de la otra persona. Las concepciones e interpretaciones que se develan en opiniones han surgido a causa de experiencias previas, de conclusiones propias y, por el simple hecho de todo este análisis, merecen ser consideradas. Cuando se reconocen las razones de otra persona a ver el mundo de distinta manera se está a un paso de una comunicación eficiente. Muchas veces no se comprende que los hombres y las mujeres no son iguales en algunos niveles, y eso se traduce en una mala comunicación. Por ejemplo, un hombre tiene mucha más dificultad que una mujer para contar sus problemas; mientras a la mujer le es más fácil.
En el mundo de la comunicación de pareja hasta los códigos no verbales adquieren relevancia, estos mensajes pueden ser comunicados a través de gestos, lenguaje corporal o postura, expresión facial y el contacto visual, hasta la comunicación de objetos tales como ropa, peinados y demás; para un hombre, poco acostumbrado a una comunicación “indirecta”, representa un “puñado” de señales de humo sin ningún tipo de significado; es por esto que el conocimiento de su pareja le provee la información necesaria para poder comprenderla o decodificar lo que quiere.
Cuando el hombre y la mujer son capaces de respetar y aceptar sus diferencias, el amor tiene entonces la oportunidad de florecer; la valoración de la ideología, emprende una ruta hacia el respeto y la tolerancia. A su vez, dentro de la comunicación de pareja el “no decir de más” juega un papel crucial, ya que aquel “simio grotesco” de la prepotencia que pretende izar la bandera, se sosiega y, reconoce que no posee el derecho exclusivo de la razón; y que, aunque puede facultarse de argumentos válidos no siempre obtendrá una “victoria” en sus ponencias.
La comunicación rompe aquel hermetismo unilateral heredado por la cultura del machista y se despliega como herramienta necesaria para la supervivencia bajo un mismo techo; pasa de ser un acto retórico conceptual a uno empírico, rápidamente deshace los agravios causados por aquella gran Torre de Babel y unifica el entendimiento y la aprobación de terceros (si estos existiesen), bien decía Napoleón que… “Para hacerse comprender lo primero que hay que hacer con la gente es hablarle a los ojos".
En caso de un matrimonio con hijos es necesario comprender que, la inseguridad que implica el poco entendimiento entre los padres repercute de manera directa en el desenvolvimiento de un nuevo individuo en la sociedad; procesos como la conciliación, la negociación, el diálogo y el mutuo acuerdo, fortalecerán las experiencias comunicativas de familia y de pareja.
Analizar de manera objetiva el contenido de las palabras que nos disponemos proferir, el impacto que con ellas se alcance, las repercusiones negativas y positivas; son actividades que deben acompañar al buen diálogo de pareja, se recuerda que “Antes de hablar, piensa lo que vas a decir; porque la lengua, en muchos casos, precede a la reflexión." (Isócrates).
Actualmente se vive en una cultura aislada y despreocupada que con desgano escucha las ponencias de otro ser humano, que se esconde en su “ego expandido” y prefiere exponer que escuchar; se limita a desenvolverse y cuando le corresponde prestar un mínimo de atención, se escabulle, porque lo importante, desde su óptica, ya fue dicho; justo de esa manera han crecido las sociedades costarricenses antecesoras, germinando la incomunicación desde más antes del núcleo familiar… Cuando todo parece comenzar para nuestra idiosincrasia, en medio de una asfixiante relación unilateral de pareja…
SSS C SSS
CALÚ CRUZ
Recomendación: "LOS HOMBRES SON DE MARTE, LAS MUJERES DE VENUS"
John Gray

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