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C.

Lo que fue de Marlon después de la muerte de su tía

                                                       (👉clic acá para el audio del texto)

 

San José no fue lo que yo esperaba, una tierra donde cada quien es su propio vicio y esa implacable vida, la destitución de la esencia humana. El olor al pavimento mojado, las basuras con pies y brazos en cada esquina, y el silencio de los demás que nos hace egocentristas. Todo fue lo mismo.

            Nunca me casé, solo pagaba por prostitutas para saciar mis propias pasiones y no es que fuera huraño con las mujeres, pero no encontré algo distinto en una o en la otra: Todas las que conocí eran retazos dejados por otro hombre. Y cuando un hombre escucha las experiencias de tantas mujeres lastimadas, es mejor que huya lejos porque sabe que enorme será el descargo de ira que recibirá de ellas.

Durante un tiempo llegué a pensar que para no encontrar a una mujer que jalara consigo esa carga de odio hacia los hombres era necesario buscar a una adolescente. Estuve frecuentando la salida del colegio Superior de Señoritas, pero, luego de reflexionar, me di cuenta de que me estaba comportando como un completo cavernícola. 

A Gio lo tenía en mi mente, dándome vuelta y vuelta como una eterna cuerda de reloj. Me fui de Orotina con el pretexto de cambiar. No deseaba saber más sobre trasiegos de droga o el lavado de dinero colombiano, y claro que temía que se dieran cuenta de aquella equivocación nefasta: Gio saldó mi cuenta por su mala suerte de ser idéntico a mí.

En fin, me fui lejos por el dolor ante el recuerdo de Gio, por Rosendo y tía Edu, y porque sabía que Mamiñita seguía en la lista de la muerte y yo no tendría ni siquiera cómo enterrarla; pero, también, porque con su mirada me recriminaba la vida de mi hermano. Por eso y más, no me detuve para ver hacia atrás.


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