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G.

El reencuentro con tía Edu en el inframundo

                                                                      (👉clic acá para el audio del texto)

—Bienvenido, Marloncito, ¿a qué venís a un lugar donde no deberías estar? ¿Acaso venís como si tu vida se pudiera rehacer después de lo de Gio? En verdad que sos un Caín herido, sin embargo, te tengo que ser sincera: aún no hay perdón para nadie en este lugar y a tu hermano quién sabe en donde lo fueron a zampar.

—Tan punzante como siempre, tía Edu. Si estoy acá es solo por una promesa que te hice a vos antes de morir, ¿recordás? Solo por vos y por el tal Rosendo, a Gio dejémoslo por fuera que ya mucho me ha lastimado.

—¡Por mí? No me hagás sentir culpable por tu vida. 

—¿Culpable por qué? Dejá de hablarme como si escondieras algo que pareciera evidente.

—Preparate, Marlon, porque voy a decirte la verdad: estás muerto, mucho más muerto que el Mar Muerto. A vos te mató una niñita. Y  vos que jugabas de valiente. ¡Já! A los niños no se les puede dejar sueltos en el cementerio porque pueden suceder desgracias.

—¿Una niña? De dónde sacás semejante estupidez. Si yo estoy vivo, mírame, tócame… Esto debe ser uno de esos malos sueños donde me hablás, luego me sujetarás el brazo y me dirás: —Ya puedo dormir en paz, sabía que me cumplirías la promesa—. No es la primera vez que todo transcurre igual, tía Edu. No es la primera vez que visito esta ilusa Orotina, o su cementerio, para saldarte la promesa. Andá, decime que ya te cumplí para despertar de una buena vez de este sueño raro.

—No, Marloncito, no me despedacés el corazón; yo misma te vi entrar al cementerio durante la noche. Estabas con la niña de las calas y, de pronto, te vi sosteniéndote el pecho como si te sacaras un puñal del corazón. Tu boca se abría y cerraba en jadeos, y en un abrir y cerrar de ojos te hiciste uno con la tierra. Vos tan viejo y a estas horas. No hacía falta venir a verme durante la noche como si fueras un bandido. Ya nadie te andaba buscando. Mejor te hubieras quedado pobre en San José que acá no hay riqueza para nadie. De hace tiempo que ya todo fue repartido.  Y ya ves, vos mismo te buscaste ese latigazo al corazón.


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